martes, 29 de junio de 2010

Piscina.

Un lugar vació, un colegio o un polideportivo o ,sencillamente, un sitio grande, un sitio muy grande, desértico y deteriorado por el tiempo.
En la parte de atrás, una piscina bastante profunda sin agua. Se puede distinguir que originariamente las paredes de este rectángulo eran azul claro, pero ahora gracias a los seres de vida más insignificantes se ha vuelto verde y mohosa... distinta.

Yo, estoy en el centro de esta piscina, tumbado en un colchón viejo, mi colchón de siempre. Miro al cielo, y este está totalmente aglomerado de nubes, y aun así el sol sigue entrando vete a saber tú donde. Antes de ser capaz de pensarlo, llueve, cae la lluvia, la lluvia caliente, y estas gotas misteriosas son gruesas y llegan con fuerza.

Todo cambia, cambia mucho más de lo que nadie se puede imaginar, el olor es precioso, humedad, el arte de lo mojado y de lo vivo, el tacto es glorioso notar como cada parte de mi cuerpo es acariciado, la sensación..., toda mi ropa empapada y mi cara sonriente.

Esto solo fue un intento patético de explicaros como ha sido la sensación de ver llover, algo que no sucedía, algo que no sucede en mi mundo, nunca sucede pero parece ser que me puedo equivocar.

Me gusta equivocarme si es preciso.

1 comentario:

Soledad acompañada

Estas solo, no hay nada cerca de ti, no hay calor humano.

Gente que ya no Entran, pero que en su día entraron.

Cronopios.

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